sábado, 17 de marzo de 2012

El gusano - Andrea González


Se arrastraba por el pasillo dejando un rastro de tierra y mocos. Gruñía. Su cuerpo espumoso se estiraba y se contraía. Volvía a gruñir. Sus pequeños y ciegos ojitos se movían sin parar. En aquellos años aún era yo una niña curiosa, y se me ocurrió acercarme y tocarlo. Exhalando su pegajoso hedor y envolviéndolo todo con él, me engulló. Aún sigo atrapada en esta materia blanda. Puedo atravesarla con mis manos y tomar algunas cosas, como hojas y plumas, pero no puedo salir.